La tarea de realizar una MISION encierra un conjunto de significados que a veces suelen ser confundidos. A fin de cuentas, es llevarle al prójimo la esperanza, la palabra de Dios, un gesto de amor, o una simple oración.
A veces solemos definir al misionero como aquel que viaje a tierras lejanas a proclamar el evangelio. Sin dudas, está idea es incompleta. Misionar es una tarea de todos, todos podemos ser misioneros, ya que es nuestro deber como cristianos, dar a conocer a Dios en todos los ámbitos que cotidianamente frecuentamos. Nuestra tarea, entonces, es ser misioneros en Cristo, darlo a conocer, no es necesario viajar a otros lugares para hacerlo; comencemos con lo más próximo, como puede ser en nuestro trabajo, con nuestros amigos, etc.
Podemos citar como ejemplos a Santa Teresita y a San Francisco Javier. Ambos son considerados patronos de las misiones a pesar de las notables diferencias que los distinguen. Santa Teresita es Patrona de las Misiones aunque jamás salió de su convento; sus logros fueron enormes gracias al poder de la oración ante Jesús en el Santísimo Sacramento, y a través de la oración logró acercar a muchas personas al encuentro de Dios. Ella fue misionera y logró maravillas sin viajar a lugares lejanos. Por el otro lado, San Francisco Javier tuvo como objetivo dar a conocer a Dios en tierras lejanas como la India y Japón, donde es muy recordado. Él sí focalizó su tarea misionera en expandir la esperanza de vida cristalizada en las promesas de Jesucristo sobre la salvación.
Nosotros, la comunidad católica, podemos construir esperanza en medio de las crisis de valores que nos toca vivir hoy en día.
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